Las intensas lluvias que caen sobre Río de Janeiro desde el lunes no sólo son ya las más trágicas desde que se tiene registro en Brasil, con un saldo parcial de 110 muertos, sino que han dejado al desnudo la precariedad estructural de la 'ciudad maravillosa', sede de la Copa del Mundo de fútbol de 2014 y de los Juegos Olímpicos de 2016.
Ayer amaneció con precipitaciones menos fuertes y ello permitió que los equipos de rescate comenzaran la búsqueda de los más de sesenta desaparecidos en la zona de los cerros, donde continúa la alerta por deslizamientos. «Todas las muertes han sido por corrimientos», explicó el alcalde, Eduardo Paes. «El peligro es aún enorme», exhortó.
La desgracia se ha cebado, como siempre en estos casos, con los más pobres. Las víctimas son pobladores de las favelas de Río y las vecinas Niteroi y Sao Gonzalo, declaradas en 'estado de calamidad'. El gobernador del estado de Río de Janeiro, Sergio Cabral, ha decretado asimismo tres días de luto.
Las escuelas permanecen cerradas o se han convertido en provisionales refugios para las 2.000 personas que han tenido que abandonar sus hogares -cerca de 10.000 viviendas han resultado destruidas o dañadas-, hay calles bloqueadas o anegadas en las que se amontona barro, basura y troncos de árboles, los túneles y puentes permanecen cortados y once barrios se han quedado sin electricidad. En resumen, Río de Janeiro está sumida en el caos.
Aunque más tarde se desdijo y culpó a la intensidad de las lluvias, Paes admitió que si tuviera que poner una nota de uno a diez a la respuesta ante la tormenta «sería inferior a cero». En apenas doce horas cayeron casi 300 litros de agua por metro cuadrado, el doble de lo que se había previsto para todo el mes. Desde 1966 no había una tormenta de estas consecuencias.
El estadio Maracaná, que será escenario de la final del Mundial 2014 y de las ceremonias de apertura y cierre de las Olimpíadas, está totalmente anegado. El agua llegó hasta una altura de 1,5 metros en los vestuarios. Los vecinos denuncian que el barrio donde se ubica se colapsa cada vez que llueve.
Una plegaria a Dios
El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, también atribuyó el desastre a la climatología y prometió que se realizarán obras para neutralizar las tormentas con fondos del recién lanzado Programa de Aceleración del Crecimiento II. «La humanidad no puede controlar la intemperie», lamentó, al tiempo que añadió que por el momento lo único que se puede hacer es «pedir a Dios que pare la tempestad para que se recupere la normalidad».
De todos modos, el mandatario aseguró que Río estará preparado para el Mundial y para los Juegos, que serán «los mejores que habrá visto el mundo», declaró. Los meses de junio y julio, cuando se disputarán ambos eventos, «son más tranquilos» en cuanto al clima, según Lula.
Pero lo cierto es que este tipo de tragedias, de mayor o menor medida, se repiten desde noviembre, cuando comenzó la temporada de lluvias. En siete estados se han contabilizado en ese período más de trescientos muertos. Pero sin duda la de esta semana ha sido la peor tormenta y una de las cinco más mortales del mundo en el último año, según el Centro de Estudios de Epidemiología de Desastres, con sede en Bélgica.